Participación de la Casa del Río en el proyecto ‘Valladolid, Caminos de Diversidad Urbana’

La ciudad de Valladolid, con el proyecto ‘Valladolid, Caminos de Biodiversidad’, fue una de las 18 ciudades de España elegidas dentro de la convocatoria de ayudas para el impulso de la renaturalización de ciudades de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) financiado por la Unión Europea – NextGenerationUE.

Una de las acciones incluidas en el proyecto es la creación de charcas en distintos enclaves del municipio de Valladolid, con el propósito de incrementar la biodiversidad urbana y favorecer la presencia de distintas especies de flora y fauna ligadas a los medios acuáticos.

El Museo de la Ciencia, a través de la Casa del Río, participó en este proyecto desarrollando un protocolo para el desarrollo en cautividad de juveniles de sapo corredor (Epidalea calamita) a partir de larvas recién eclosionadas, con la finalidad de introducir juveniles en fase terrestre en las nuevas charcas.

El proceso

El proceso comenzó en mayo de 2025 con la recolección de 2 lotes de larvas recién eclosionadas en encharcamientos de una localidad zamorana. La recolección en etapas tempranas previene infecciones por hongos quitridios, principalmente el letal Batrachochytrium dendrobatidis, ya que los renacuajos recién eclosionados carecen de dientes labiales córneos y el hongo solo infecta estructuras y órganos queratinizados, tanto en larvas (hileras de dientes) como en adultos (piel).

Estas larvas fueron trasladadas a las instalaciones de la Casa del Río en recipientes esterilizados, y fueron depositados en acuarios de engorde, consistentes en urnas de diferentes dimensiones a las que se suministró oxígeno mediante aireadores. A los renacuajos se les alimentó con alimento para peces de acuariofilia y pienso de piscifactoría hasta que alcanzaron fases previas a la salida del agua. En este momento, los renacuajos fueron trasladados a un recipiente inclinado (con playa) para que los recién metamorfoseados pudieran acceder a la parte no inundada, evitando así los ahogamientos.

Una vez fuera del agua los recién metamorfoseados fueron ubicados en recipientes donde completaron la metamorfosis y ganaron peso. La base de estos recipientes fue cubierta con perlón, añadiéndose agua hasta empapar la parte inferior del sustrato. De esta manera, el recipiente mantenía la humedad necesaria para la supervivencia de los metamórficos a la vez que ofrecía una base sólida sobre la que se situaban y desplazaban los sapillos. En estos contenedores fueron alimentados durante algunas semanas hasta su liberación en la charca de nueva creación del parque de El Tomillo, en el que la Asociación Acenva lleva años implementando acciones de conservación.

Uno de los hándicap a salvar fue la alimentación de estos ejemplares recién emergidos, ya que los sapos corredores recién metamorfoseados son muy pequeños, con tamaños que normalmente oscilan entre 6 y 11 milímetros. Por esta razón, el alimento aportado, además de ser fácilmente cultivable, debía ser del tamaño adecuado para poder ser ingerido por los pequeños sapos. Tras varios ensayos, finalmente se encontró que el aporte de colémbolos (orden Collembola) en primeras fases, junto con moscas del vinagre (Drosophyla melanogaster) cuando ganaban peso, resultó ser muy efectiva, logrando que el 88,05 % de los recién metamorfoseados alcanzaran la fase de juveniles.

Los colémbolos se aportaban en pequeñas porciones del sustrato de cultivo, evitando así que se dispersaran por el recipiente, lo que podría dificultar que los sapillos los encontraran. De esta manera, los colémbolos permanecían concentrados en el sustrato y los sapillos, estimulados por su movimiento, se acercaban para capturarlos. Las moscas, sin embargo, se añadían directamente al recipiente, donde los pequeños sapos, una vez ganaban peso, ya eran capaces de perseguirlas, capturarlas e ingerirlas.

La suelta

Además de la recolección temprana, el largo periodo de permanencia en condiciones de laboratorio (cuarentena) con una alta tasa de supervivencia (en el medio natural esta tasa suele ser baja) y ausencia de muertes masivas, evidenciaba la no presencia de patógenos letales. No obstante, previamente a la suelta, los lotes de renacuajos fueron sometidos también a altas temperaturas (33ºC), ya que los hongos más letales (quitridios) pueden ser eliminados de esta forma, mientras que los juveniles se sometieron a baños con itraconazol al 0,0001%

Una vez comprobado el buen estado de salud de un porcentaje alto del lote (lo normal es que una parte de la población de renacuajos muera por diversos problemas relacionados con alimentación, metamorfosis, problemas genéticos, etc.), se procedió, en los meses de julio y septiembre de 2025, a la suelta de un total de 87 juveniles en la nueva charca de El Tomillo, habiéndose detectado en la primavera de 2026 algunos ejemplares subadultos con tamaños ajustados a la tasa normal de crecimiento de esta especie.

De esta manera, la participación de la Casa del Río en este proyecto pude considerarse exitosa ya que aporta un protocolo efectivo para futuras introducciones en humedales de nueva creación cuya ubicación, lejos de poblaciones naturales, impida su colonización natural.

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