Guía avanzada de compostaje: cómo controlar y optimizar el proceso paso a paso

Hacer compost correctamente va mucho más allá de mezclar restos orgánicos. Para conseguir un compost estable, homogéneo y de calidad es necesario controlar variables como la temperatura, la humedad, la aireación, la compactación y la relación entre carbono y nitrógeno.

El compostaje es un proceso biológico de descomposición controlada en presencia de oxígeno que transforma los residuos orgánicos en una materia rica en nutrientes, minerales y microorganismos. Además de recuperar los nutrientes contenidos en los biorresiduos, contribuye a mejorar la estructura, aireación, drenaje y fertilidad del suelo.

En esta guía avanzada de compostaje repasamos los principales parámetros que permiten controlar y optimizar el proceso.

1. Equilibra correctamente los materiales verdes y marrones

La composición inicial de la mezcla es uno de los factores más importantes.

Los materiales compostables se dividen principalmente en dos grupos:

  • Materiales marrones o estructurantes, ricos en carbono: restos de poda, hojas secas, ramas, serrín, paja o cartón triturado.
  • Materiales verdes, con mayor contenido en nitrógeno y agua: restos de frutas y verduras, restos de cocina, césped, hojas frescas o posos de café.

Nuestro manual recomienda una proporción aproximada de 1 o 2 partes de material verde por cada parte de material marrón. 

Desde un punto de vista más técnico, el intervalo considerado óptimo para la relación carbono/nitrógeno se sitúa aproximadamente entre 25 y 35 partes de carbono por cada parte de nitrógeno. Los microorganismos utilizan alrededor de 30 partes de carbono por cada una de nitrógeno durante el proceso. 

En la práctica, esta relación no suele medirse mediante análisis de laboratorio, sino que se estima observando el comportamiento de la mezcla.

2. Controla la aireación mediante el volteo

El oxígeno es imprescindible durante todo el compostaje.

El volteo cumple varias funciones simultáneas:

  • Oxigena la mezcla.
  • Rompe materiales apelmazados.
  • Reduce el tamaño de algunas partículas.
  • Homogeneiza la temperatura.
  • Favorece una distribución más uniforme de los materiales.
  • Ayuda a equilibrar la relación carbono/nitrógeno.

Una correcta aireación evita la aparición de condiciones anaerobias, responsables de muchos problemas de malos olores. 

Si al voltear aparece olor a podrido, el material puede haber permanecido demasiado tiempo compactado y con poco oxígeno. En ese caso conviene aumentar temporalmente la frecuencia de volteo.

3. La humedad: ni seca ni saturada

El agua es imprescindible para la actividad de los microorganismos responsables de la descomposición.

Una mezcla demasiado seca ralentiza o incluso detiene el proceso. En cambio, un exceso de agua puede desplazar el oxígeno presente entre los materiales y favorecer procesos anaerobios.

El manual propone una técnica sencilla para comprobar la humedad: la técnica del puño cerrado.

Consiste en tomar un puñado de material y apretarlo:

  • Si mantiene cierta forma pero no gotea, la humedad es adecuada.
  • Si escurre agua, existe un exceso de humedad.
  • Si se deshace completamente y queda suelto, falta agua.

Cuando existe exceso de humedad se recomienda voltear y añadir materiales secos como paja o serrín. Si falta humedad, puede añadirse agua o material fresco, como restos vegetales. 

4. La temperatura es uno de los mejores indicadores del proceso

La evolución de la temperatura permite conocer el grado de actividad biológica y el nivel de estabilización del compost.

Según el manual, la temperatura debería medirse en tres zonas diferentes:

  • El centro del compostador.
  • Una zona intermedia.
  • La zona próxima a las paredes.

El centro suele registrar la temperatura más elevada, mientras que las paredes corresponden normalmente a la zona más fría. 

Durante la fase termófila, el compost puede superar los 55 ºC y alcanzar incluso valores próximos a los 70 ºC. Estas temperaturas tienen además un papel importante en la higienización del material. 

5. Comprende las fases del compostaje

El proceso pasa por distintas etapas microbiológicas.

Fase de aporte y volteo

Es el momento en el que se incorporan los materiales y se establece la proporción inicial entre material verde y estructurante.

La presencia de oxígeno debe mantenerse mediante aireación y volteos periódicos. 

Fase mesófila

El proceso comienza a temperatura ambiente y puede alcanzar aproximadamente los 45 ºC en cuestión de horas o días debido a la intensa actividad microbiana.

Esta fase suele durar entre dos y ocho días. 

Fase termófila

Cuando la temperatura supera los 45 ºC comienzan a predominar microorganismos adaptados a temperaturas elevadas.

Estos microorganismos participan en la degradación de compuestos más complejos como la celulosa o la lignina. A partir de aproximadamente 60 ºC aparecen también bacterias formadoras de esporas y actinobacterias. 

Fase de enfriamiento

Cuando disminuyen las fuentes de carbono y nitrógeno disponibles, la temperatura vuelve progresivamente a unos 40-45 ºC.

Durante esta etapa continúa la degradación de materiales complejos y pueden aparecer hongos visibles. 

Fase de maduración

Es la última etapa y puede prolongarse durante meses. Durante este periodo se forman compuestos más estables, como ácidos húmicos y fúlvicos. 

6. Controla la compactación

La compactación está estrechamente relacionada con la humedad y con la cantidad de material estructurante.

Una mezcla excesivamente compactada reduce la circulación de aire y dificulta la actividad aerobia de los microorganismos.

El control puede realizarse visualmente mientras se lleva a cabo el volteo. 

Si la mezcla se apelmaza demasiado, normalmente será necesario airearla y añadir estructurante.

7. Lleva un registro del proceso

En sistemas de compostaje más avanzados puede ser muy útil registrar periódicamente algunos datos:

  • Temperatura.
  • Nivel de llenado.
  • Número de volteos semanales.
  • Número de riegos.
  • Temperatura ambiente.
  • Incidencias detectadas.

El nivel de llenado puede medirse mediante el porcentaje ocupado, la altura de la pila o referencias físicas del propio compostador. Este seguimiento permite comprobar si existe un equilibrio adecuado entre la velocidad de aportación y la velocidad de descomposición. 

8. Ajusta la frecuencia de mantenimiento

El manual avanzado propone un seguimiento más intenso durante las primeras semanas.

Durante el primer mes se recomienda realizar labores de mantenimiento al menos tres días por semana, ya que es la fase más sensible para poner en marcha correctamente el proceso.

Si la evolución es adecuada, a partir del segundo mes la frecuencia puede reducirse a dos días semanales y, desde el cuarto mes, incluso a una intervención semanal. 

Si aparece una incidencia, conviene volver temporalmente a un control más frecuente.

9. Aprende a interpretar los olores

El olor puede ser un excelente indicador del estado del compost.

Olor a podrido

Suele indicar falta de oxígeno y compactación excesiva.

La solución consiste en aumentar los volteos y favorecer la aireación.

Olor a amoniaco

Indica generalmente un exceso de nitrógeno.

En este caso se recomienda incorporar material estructurante rico en carbono para reequilibrar la mezcla.

Olor fermentado o ligeramente dulce

Puede ser completamente normal. El manual señala que la degradación de los azúcares puede producir un olor similar al de procesos de fermentación como los utilizados en vino o cerveza. 

10. Maduración: el último paso antes de obtener compost

La fase de maduración puede comenzar aproximadamente entre los 3 y 4 meses desde el inicio, aunque el tiempo depende de las condiciones del proceso.

Durante esta etapa sigue siendo necesario controlar la humedad y mantener la oxigenación mediante volteos. El manual establece como referencia un volteo semanal durante la maduración. 

El compost estará más cerca de estar listo cuando:

  • Presente un color marrón muy oscuro o negro.
  • Los restos originales sean prácticamente irreconocibles.
  • Tenga olor a tierra de bosque.
  • Su temperatura sea similar a la temperatura ambiente.
  • Mantenga humedad sin llegar a gotear al apretarlo. 

11. Criba y reutiliza el material grueso

Una vez terminado el proceso, el compost puede cribarse.

La fracción fina se utiliza como compost, mientras que los materiales más gruesos pueden reincorporarse al siguiente lote como estructurante.

Además, este material ya contiene microorganismos procedentes del compostaje anterior, por lo que puede contribuir al arranque del nuevo proceso. 

Cómo conseguir un compost de calidad

Un compostaje avanzado se basa principalmente en mantener el equilibrio entre materia verde y estructurante, humedad, oxígeno y temperatura.

 

 

Observar regularmente la mezcla, registrar su evolución y actuar cuando aparecen signos como malos olores, exceso de humedad o temperaturas demasiado bajas permite anticiparse a muchos de los problemas habituales.

El objetivo no es acelerar al máximo el proceso, sino conseguir que la materia orgánica se transforme de manera progresiva, controlada y estable hasta obtener un compost maduro y aprovechable. En Valladolid, compostar tiene recompensa. El Ayuntamiento de Valladolid ha puesto en marcha un Programa de Compostaje Doméstico para fomentar esta práctica entre la ciudadanía. ¡Descúbrelo!

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